DIDÁCTICA Y FILOSOFÍA - para comenzar-
Un profesor de filosofía no se “forma” sólo con adquirir algunos contenidos filosóficos y otros pedagógicos, y luego yuxtaponerlos. En realidad, se va aprendiendo a ser profesor desde el momento en que se empieza a ser alumno. En gran medida, se es como docente el alumno que se fue. A lo largo de los años de estudiante, se van internalizando esquemas teóricos, pautas de acción, valores educativos, etc., que actúan como elementos reguladores y condicionantes de la práctica futura.
¿Qué diferencia habría entonces entre la didáctica de la filosofía y la didáctica filosófica? La didáctica de la filosofía es la búsqueda e implementación de los mejores métodos, herramientas y procedimientos para llevar a buen puerto una clase. Parte de la idea de que la didáctica y la filosofía son dos campos separados que posteriormente pueden unirse, es decir, que una vez manejados los contenidos filosóficos por el docente, éste puede buscar en un manual qué método es mejor para impartir una clase. El profesor es pasivo, no construye ni cuestiona los métodos o las prescripciones didácticas de pedagogos y psicólogos, sólo las retoma e implementa. Por otro lado, la didáctica filosófica no niega la importancia de la implementación de estrategias o métodos, de hecho es una parte primordial y básica para la enseñanza de la filosofía, lo que pretende es que el acto de enseñar y de implementar se vuelva objeto de reflexión, es decir, que se realicen preguntas como ¿por qué elijo esta estrategia y no aquella? ¿Las condiciones materiales me permiten usar éste método? ¿me conviene usar el método dialógico aún cuando mi grupo no tiene un acercamiento al tema? Los cuestionamientos colocan en otro nivel al docente, éste ya no es el mero profesor que implementa estrategias, es el filósofo que al dar clase se cuestiona su misma actividad, es el filósofo que configura su propio modo de enseñar de acuerdo a lo que entiende por filosofía, a lo que sabe, a lo que siente y a lo que es.
De profesor que imparte clase de filosofía a filósofo que cuestiona su práctica. La enseñanza de la filosofía es un problema filosófico que implica la radicalidad de la pregunta y de la reflexión; la renovación, la duda, la responsabilidad y el diálogo constante. Implica también la sinceridad, el reconocimiento y aceptación del cambio como parte de la realidad educativa. Así, Cerletti afirma que “Si consideramos a la enseñanza de la filosofía como filosófica, el profesor deberá ser un filósofo que crea y recrea cotidianamente un conjunto de problemas filosóficos y sus intentos de respuesta, y esto no lo hace sólo, sino con sus alumnos”[5] Queremos revalorar la enseñanza de la filosofía como problema filosófico y al docente no como mero profesor que sigue manuales para concluir contenidos programáticos, sino como un filósofo que al enseñar filosofía siguiendo su particular modo de ser, se aventura y aventura a los educandos en el viaje de la reflexión, del pensamiento y del constante preguntarse por sí mismos y por todo lo que les rodea.
Últimas observaciones.
La desconsideración hacia la enseñanza de la filosofía, dentro de la misma filosofía y fuera de ella, se ve reflejada cuando vemos que abogados, psicólogos, sociólogos, pedagogos y hasta veterinarios[6] imparten clase de filosofía bajo el esquema que hemos manifestado: que el manejo de contenidos permite dar la clase sin ningún contratiempo. Debemos dejar de lado el absurdo prejuicio de que la enseñanza de la filosofía es una “cuestión menor” o “meramente pedagógica”, como si por ser pedagógica no tuviera importancia alguna. No podemos dejar la tarea de la formación filosófica en manos de profesionistas que quizá realizan su labor con mucho empeño, pero a los cuales simplemente no les interesa el desarrollo de la filosofía. Si queremos que la filosofía sea relevante socialmente, debemos dejar de lado nuestra pretensión de que se trata de una disciplina abstracta a la cual pocos “elegidos” acceden y, además, tenemos que colocar todo nuestro empeño y responsabilidad por mejorar su enseñanza y por ampliar su difusión, pues recordemos que la impresión y la idea que de la filosofía se tiene depende en mayor medida del modo en el que la estamos enseñando.
Bibliografía:
Cerletti, Alejandro. La enseñanza de la filosofía como problema filosófico. Buenos Aires, Argentina: Libros del Zorzal, 2008. pp. 91
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