EL PROFESOR UN TRABAJO UNA PROFESIÓN, UNA DESILUSIÓN?

CINE Y PEDAGOGIA



ENTREVISTA A UN PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD ESPAÑOLA - EMILIO  LLEDÒ


Si a Heidegger se le ha llamado “el maestro de Alemania”, nosotros deberíamos considerar a Lledó “el maestro de España”. Con la humildad que le caracteriza, sin impostura, afirma considerarse, simplemente, “un profesor de filosofía que ha dedicado parte de su vida a estudiar la filosofía y que lo ha pasado muy bien enseñando a los demás”. Como Sócrates, que también era un gran maestro. Y serlo es una inmejorable pasaporte para ser también el gran gran filósofo que es. 

ENTREVISTA


Usted ha contado muchas veces la historia de ese maestro de primaria que le enseñó el aprendizaje de la libertad que usted vincula a la lectura. 
Antes lo he dicho en otro contexto: uno no puede ser más que su propia memoria. Creo que esta es una de las experiencias más hermosas de mi vida, y me parece que es un homenaje que debo rendir a don Francisco, que fue un maestro que yo tuve en Vicálvaro, en Madrid. Los niños de mi clase tendríamos ocho, nueve o diez años, y aquel maestro nos enseñó la libertad, y nos la enseñó de una manera muy concreta. Después de leer una página de El Quijote nos decía: “sugerencias de la lectura”. Eso me pareció tan interesante que no lo he olvidado. La imagen de aquel joven maestro en una escuela pública. Yo creo decididamente en la enseñanza pública, en una enseñanza en la que no sea el dinero el que cambie las perspectivas o los tipos de enseñanza.

En «Ser quien eres» recopila diversos artículos sobre educación en los que denuncia duramente el 
tipo de enseñanza (basada en la asignatura y el examen) que aún predomina en España.
Sí, es que ese tipo de enseñanza, a la que yo llamo “asignaturesca”, es la enseñanza del aprendizaje. Yo creo que el aprendizaje no es importante, sobre todo ahora que tenemos tantos medios de conocimiento e información. Lo importante es crear libertad intelectual y capacidad de pensar. Se habla muchísimo de la libertad de expresión, pero en mi opinión lo importante es la libertad de pensamiento: tener que pensar, saber qué pensar y no tener la mente aglutinada con pequeños coágulos que no te permiten entender, mirar o interpretar. La enseñanza tiene que ser ese estímulo continuo entre el profesor y el alumno. Cuando yo utilizaba este adjetivo “asignaturesco” me refería a esa concepción de exámenes, de controles continuos, de apuntes... En este sentido, recuerdo mi experiencia en Alemania. Llegué allí muy joven y me encontré en la Universidad de Heidelberg, donde no solo no había apuntes ni exámenes; allí te examinabas cuando tú querías.

Cuéntenos un poco cómo funciona la universidad alemana, cómo cambian los contenidos cada semestre.
Al llegar, me sorprendía que, por ejemplo, Gadamer hablase un semestre de la Fenomenología del espíritu de Hegel y al semestre siguiente sobre El Banquete de Platón, y al siguiente sobre Nietzsche. Y, claro, yo iba buscando “la asignatura”, ¡pero no había! ¿Dónde está el temario? ¿De qué tomo apuntes? Y después estaban los seminarios. La asistencia a las clases eran libres, y podía haber alumnos de otras facultades, pero en los seminarios tenías que hablar antes con el profesor para que te dejase asistir. Le decías, por ejemplo, “voy a hacer un curso sobre Píndaro en filología clásica”, y él te contestaba: “¿Y por qué no sigue antes un curso sobre sintaxis?”. Aquello era, como dice Walter Benjamin, “descubrir la universidad como una pasión por el conocimiento”, por la libertad de inteligencia, por no tener grumos que te agarren las neuronas y te impidan fluir con ellas. Esa idea de creatividad lo ha expresado toda la gran tradición universitaria alemana. Recuerdo un texto de Benjamin, que viene de toda la tradición kantiana y de Guillermo Humboldt, que dice casi textualmente que “obsesionar a los muchachos con estar cinco o seis años en la universidad para ganarse la vida es la forma más feroz de perderla”; y esto es algo que, en mi opinión, se suele hacer. Hay que dejar que los jóvenes se entusiasmen con la filología clásica, con el derecho romano, con la anatomía patológica, con lo que sea. No los acorralemos con la obsesión de que tienen que ganarse la vida. La vida se la gana uno o se la pierde, pero hasta ese momento en que salgas de allí, sueña un poco con los ideales.

Por qué es tan importante para usted la educación?
Porque también creo una hermosa frase kantiana, que “el ser humano es lo que la educación hace de él”. Somos, nos formamos, nos deformamos y nos transformamos por medio de la educación. Por lo tanto, el mimo a las instituciones donde esa educación es posible tiene que ser una característica decisiva de cualquier gobierno y de cualquier política. Y ya que he pronunciado la palabra política diré que la política es esencial en la cultura, y también los políticos. La política es, según decía un texto clásico, “lo más arquitectónico, lo más interesante de la vida social”, porque organiza, armoniza y orienta los distintos deseos e ideas de los seres humanos, a los que esos políticos tienen que facilitar la existencia (y no la de ellos). Hay algún texto de la filosofía griega en que Platón o Aristóteles se plantean incluso si los políticos pueden ser felices, porque su vida es darlo todo a los demás. Imagínate lo que significa eso en cuanto al cultivo de lo que Aristóteles llamaba el spoudaios, el hombre decente, el hombre justo que se entrega a los demás.

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